Para hacer una reflexión sobre la situación actual de la fotografía en Oaxaca, es necesario abordar varios temas, observar el panorama, las circunstancias que rodean el acto fotográfico. Habría que contestar algunas preguntas, desde las más amplias —¿qué antecedentes tiene Oaxaca?, ¿cuáles son las influencias actuales?— hasta las más sencillas, pero fundamentales —¿cuáles son las condiciones materiales y de oportunidades para un fotógrafo?, ¿cuándo se inicia y se configura como tal?  A grandes rasgos y desde un punto de vista personal, me centraré en estas últimas.

Fuera de lo económico —y que en gran medida facilita o entorpece la profesión— y más allá de las cámaras, tripié, flash, computadora, programas de edición y otras tecnologías con las que se pueda contar, consolidarse como un fotógrafo también implica el interés y la formación inicial. En Oaxaca —pese al auge de este arte y el anhelo de las personas— las opciones no son muchas. El aprendizaje académico existe en cuanto a talleres, cursos y diplomados. Y algunos optan por un comienzo autodidacta, aunque la mayoría van sobre la práctica. Lo ideal sería poder ejercer todas de manera más sistemática. Escuela de fotografía como tal no existe, lo más cercano son las carreras de diseño y comunicación que dentro de su plan de estudio abarcan la asignatura de fotografía. Otra opción es ir a otros estados en donde existen universidades o escuelas que la tienen como una especialidad o licenciatura.

Sin embargo, en el ámbito local, la inquietud, la búsqueda y el afán de los interesados en la fotografía generaron la creación de una de las más importantes sedes fotográficas de México, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo que inició en septiembre de 1996 y que ocasionó un impulso muy importante a este arte. Por lo que no es casualidad que al año tengamos en promedio de cinco a seis talleres impartidos por fotógrafos reconocidos internacionalmente. Qué tanto beneficia a la creación local, es algo para reflexionar en otro texto, por el momento es justo comentar que la mayoría de los integrantes siguen siendo extranjeros.

Lo cierto es que a estas fechas hay una gran oferta de talleres, desde los que dan las instituciones culturales, hasta los que imparten fotógrafos independientes. La enseñanza que en Oaxaca se ofrece es por iniciativa de los fotógrafos, y gracias al apoyo de revistas y particulares. Hay que mencionar el interés y actividades que realizan despachos privados, centros creados por la sociedad civil como el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, e instituciones públicas como la Casa de la Cultura y más recientemente el Centro de las Artes de San Agustín (CaSa) –es importante mencionar el seminario de fotografía contemporánea que se realiza en el CaSa en colaboración con el Centro de la Imagen, que ha fortalecido esta profesión en los últimos años. En general hay más opciones que hace algunos años, pero lo importante sigue siendo crear una conciencia de la imagen: pensar, leer y hacer foto. No únicamente disparar.

Las gamas fotográficas
Sin mencionar específicamente qué fotógrafos son, la calidad de los trabajos generados desde hace algunos años en Oaxaca —independientemente de ser oaxaqueños o no— ha sido constante. Ha habido logros en bienales, seleccionados para becas nacionales e internacionales, premios de fotografía contemporánea y exposiciones en otros estados y fuera del país. La fotografía se ha expandido más allá de lo documental y de registro. Desde el fotoperiodismo hasta la imagen más conceptual se desbordan y crean nuevos enfoques, miradas que comienzan a aparecer. Las razones parecen claras: se tiene un lugar de diversidad cultural que irónicamente tiene una amplia gama de problemas sociales: las protestas y la desigualdad han sido un campo enorme de trabajo para los fotógrafos. Es así que el oficio se ha diversificado, pero no siempre es reconocido. Y en esto recae la paradoja actual.

Existen varias maneras de hacer foto: hay fotógrafos de prensa, de sociales, de paisaje, de retratos, documentales, de comunicación social, comerciales, artísticos, etcétera. Y en Oaxaca hay de todo tipo, tanto locales como residentes, o de paso. ¿Pero a cuántos de ellos se les valora su profesión? Por ejemplo, la fotografía de eventos sociales como medio de subsistencia y campo de práctica —que incluso tiene una peculiar característica: la gente común y su relación directa con una imagen— es tenue y casi ignorada en la historia de la fotografía, difusa para el espacio museístico, vista en ocasiones como algo menor. Retratar una boda, bautizo, cumpleaños o graduación, también implica el dominio de la técnica, el gusto de la época, la tradición, pero sobre todo forma parte de las prácticas culturales de una sociedad.

En este aspecto, de por sí, ser fotógrafo es complicado. Y sumado a ello habría que preguntarse si los nuevos medios, como la cámara digital, el teléfono, las tabletas —sin olvidar las redes sociales—, no van en contra de la propia fotografía. Pienso que, por lo menos para el trabajo del fotógrafo, sí perjudican. Pareciera que tomar fotos es una labor sencilla, se consume tan rápido y tan fácil que hay percepciones superfluas: con sólo tener una cámara digital y maniobrar el obturador, la acción está terminada. Y peor aún: esto lo convierte a uno en fotógrafo. ¿Hacer fotografía es una tarea sencilla? Alguna vez fui a una boda, contratado para tomar fotos. Esperando a que llegaran los novios, un grupo de invitados comentaban: “Ah, mira al fotógrafo, éste ni suda, ni se esfuerza, nada más tiene que cargar una cámara y hacer fotos”.

La fotografía no siempre ha sido valorada como arte. Ya la historia dictó sus caminos. Y si los espacios de exposición han legitimado a los fotógrafos, resta continuar con la valoración de esta profesión y sus diversos enfoques. Dedicarse a la fotografía, con todos los medios disponibles para ello, es un acto de disciplina, constancia, pasión, amor por la imagen. Se requiere aprender de los errores, aprender la técnica, dominarla y hacerla un instinto, reconocer una buena foto, sea propia o ajena. Incluso se necesita, hasta cierto punto, ser un poco egoísta y al mismo tiempo interesarse por otras cosas, leer, ver pintura, escuchar música, caminar. No cerrarse al mundo, porque hacer fotografías por lo general nos llevará a conocer otras cosas, personas y culturas. En conclusión se debe tener un amplio criterio para ver toda la diversidad que está delante de la cámara y mantenerse honesto con lo que uno quiere decir con sus fotos.

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Acerca del autor:
Oaxaca, Oax. (1974). Fotógrafo. Se ha encargado del laboratorio blanco y negro en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Ha participado en publicaciones como la Gaceta de la Casa de la Ciudad, Entre Líneas y Luna Zeta.

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