¿Por qué la palabra “bien” no es un sentimiento y por qué debes cuidarte?

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Hace poco le dije a mi esposo que cambiáramos nuestro colchón ya que era necesario el ajuste debido a que tenía ya más de 10 años con nosotros y esto no me hacía muy feliz porque todas las mañanas despertaba cansada.

Después de comprar entonces un nuevo colchón individual totalmente confortable y adecuado a nuestros cuerpos y a pesar de que mi cuerpo se sentía mucho mejor, no así mi ánimo.

Después de observarme un poco, caí en cuenta sobre lo sencillo que me resulta decir que me siento bien cuando no es así.

En sí el contestar “bien”, suena bastante inocente. Y la mayoría de nosotros lo escuchamos ante cualquier consulta y la usamos varias veces al día. Pero hay más cosas en esta palabra de cuatro letras de las que uno podría pensar.

Existen tres niveles de comunicación: el superficial, el íntimo y el comportamiento.

La comunicación superficial es el área en la que “bien” encuentra su lugar. Y la verdad es que generalmente estás bien. Este tipo de comunicación es la forma más común de interactuar con los demás.

Por ejemplo, cuando alguien te pregunta “¿cómo estás?”, generalmente respondes “Estoy bien, gracias”.

Tu respuesta es educada y apropiada e incluso respondes casi en automático, sigues con las normas sociales y es transaccional.

Mientras que la comunicación superficial explica la mayor parte de nuestras interacciones verbales desde el punto de vista psicológico, es la menos satisfactoria. De hecho, si somos incapaces de lograr una comunicación que sea más significativa, estamos en problemas.

Esto se debe a que como seres humanos deseamos la conexión, es decir, el sentido de ser visto, comprendido y sentido. Este tipo de conexión se logra a través de la comunicación íntima.

A diferencia de la comunicación superficial, que es transaccional en la naturaleza, la comunicación íntima impulsa la conexión significativa. Es este nivel de comunicación lo que facilita la expresión sincera de nuestros pensamientos y sentimientos.

Aunque expresar pensamientos y sentimientos puede parecer simple, la realidad es que es bastante complejo, especialmente cuando esos pensamientos y sentimientos causan incomodidad.

Por ejemplo, imagina un escenario en el que estás decepcionado por las acciones de un amigo cercano. El sentimiento de decepción es incómodo, incluso doloroso.

Aunque estás muy consciente de tu propia decepción, no puedes encontrar una forma de compartir tu experiencia con alguien cercano. Puedes concluir que comunicar tu decepción es “demasiado impulsivo”, “no vale la pena el problema”, o “sólo va a empeorar las cosas”.

El deseo de evitar el potencial malestar de una conversación vulnerable puede anular tu deseo de ser visto y comprendido. Por lo tanto, en lugar de tomar el riesgo de comunicarse íntimamente, recurres entonces a la comunicación superficial.

Es decir, prefieres decir “bien”. Y si solo por un momento tu amigo que te ha decepcionado te preguntara, “Hey, ¿está todo bien? Me temo que te he molestado”, tú respondes, “… no, no te preocupes, estoy bien”.

¿Ves a dónde va esto?.

Ese problema viene en forma de comunicación conductual. Cuando uno no es capaz de experimentar una comunicación íntima y conectada a través de la verbalización de pensamientos y sentimientos vulnerables, en su lugar se comportará (o actuará) esos pensamientos y sentimientos.

¿Qué ocurre en sí? Los pensamientos y los sentimientos no desaparecen. Por más que intentes, “ocultarlos” o “dejarlos ir” u “olvidarlos” no funciona. De hecho, hacerlo es como ponerle limón a una herida no tratada.

Los pensamientos y sentimientos están ahí y es necesario sacarlos porque de lo contrario existe un alto riesgo de infección.

Acciones como ser menos sociable con ese amigo, el no devolver la llamada telefónica, etc.  Ese sentimiento inicial de decepción se convierte en resentimiento que se desvanece en el fundamento de la amistad.

¿Entonces qué hay que hacer? La comunicación íntima es una habilidad que requiere práctica. Requiere dar un paso fuera de tu zona de confort. Debes atreverte observar en tu interior y detectar qué te está molestando.

En mi caso, aún cuando se justificaba la compra del colchón, no era esto en sí lo que me inhibía el descanso… eran todo el cúmulo de pendientes que tenía y no lograba terminar. Esto es, era yo misma, así que me puse a resolver mi problema y ahora descanso como bebé.

A tí ¿qué te molesta o por qué dices estar “bien” cuándo no lo estás? ¿Qué estás haciendo al respecto?

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