Lo que me dejó mi abuelita

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El mundo ya no será el mismo sin mi amada viejita, quien se fue de este mundo para reunirse con su esposo. Dios decidió que era hora de apartarla de mi lado para que ahora esté mejor en el paraíso. Para recordarla fui a visitar su cuarto, el cual está muy bien adornado por su colección de pequeñas máquinas de coser y muñecas de porcelana, y la tristeza se apoderó de mi cuando vi su televisor viejo donde vimos tantas películas de la época de oro del cine mexicano y después pasé por su tornamesas, donde me enseñó la poesía hecha música.

Ante tantos recuerdos fue necesario para mí dedicarle algunas palabras como homenaje a tantas enseñanzas que dejó en mí, quizá algunas les parezcan ridículas, pero no lo son, todo lo que me enseñó y todo lo que le aprendí se convirtieron en parte de lo que soy ahora y eso no lo cambiaría por nada. Soy feliz por el legado que ella dejó en la familia y fui feliz por el tiempo que pasé junto a mi abuelita, una mujer que siempre tenía unas palabras de aliento, una palmada en el hombro o un beso para hacerte cambiar de humor.

Yo soy un chico chapado a la antigua, en ocasiones pienso que estoy viviendo en una época que no es la mía, pero ahora que lo pienso todo es gracias a mi abuela y a mi madre, quienes al contarme cómo trataban a las mujeres antes, como se veía el amor en las películas y cómo se escuchaba en los enormes discos de acetato me formaron un carácter diferente hacia las mujeres. Muy pocos son los que esperan a que una dama se siente para después ellos hacerlo, a entregarla hasta la puerta de su casa cuando salen por la noche, ya no se escriben cartas de amor. Tantas cosas que se dejaron de hacer y que eran dignas de un caballero. Recuerdo que mi abuelita me recomendó que le dedicara a una chica que me gustaba la canción de ‘Tres regalos’ cantada por Pedro Infante, lo que me pareció una idea espectacular, sobre todo después de escuchar la letra. Esa era música digna para enamorar.

Sé que las películas de antes no eran las mejores, pero fueron los cimientos para que el cine mexicano creciera. Ahí se podía ver a los hombres pedir la mano de sus novias a sus respectivos padres. Luchaban por ella dedicándoles canciones y poemas. Ahora si haces eso te pueden tachar de cursi y quizá seas enviado directito y sin escalas a la ‘Friendzone’, de la cual es muy difícil salir si eres alguien como yo, a la antigua.

Voy a extrañar todos y cada uno de los consejos de mi viejita, pero también sé que lo mejor fue que ella partiera para dejar de sufrir por los achaques de la edad, de sus enfermedades y por la soledad. Sí, porque cuando te haces viejo, muchos se olvidan de ti y te abandonan, te visitan poco o te envían a un asilo, incluso tus propios hijos, para quienes puedes llegar a ser una carga.

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