El peor nocaut de mi vida

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Como peleador de Artes Marciales Mixtas estás expuesto a probar las mieles de gloria al noquear a tu rival, pero también a sentir las llamas del infierno cuando caes a la lona producto de un impacto brutal en el rostro o un golpe en el abdomen que te deja sin aliento. Pero, sin duda, la vida es quien tiene mayor experiencia y es la que te dará los golpes más duros que jamás hayas sentido. Lo que para ti podría ser un simple jab que rozó tu mejilla, para otros es el inicio de una combinación que te dejará tirado, con los brazos trabados y estirados después de recibir un segundo jab, un uppercut y un volado. Siempre me he levantado cuando caigo dentro de la jaula o en el ring, aunque mi cuerpo no reaccione, mi mente quiere levantarse, pero hay veces que no se puede, pero nunca dejé de intentarlo. Sin embargo, cuando la vida me tomó desprevenido, recibí de lleno los impactos y ya no me pude levantar, no quise, me rendí.

Mi vida marchaba con normalidad y estaba llena de felicidad. Mi carrera como peleador de MMA iba en ascenso, así como mi carrera como periodista, ya que fui contratado como experto de este deporte en una página de deportes. Tenía una esposa maravillosa, que siempre me apoyó, así como yo a ella, que siempre hemos estado lado a lado en las buenas y en las malas, nuestra comunicación es muy buena y siempre resolvemos nuestros problemas hablando. Además tenemos una hija preciosa, con un sentido del humor divino, juguetona, alegre y una gran personita. Aunque en lo económica había temporadas en las que sufríamos, al igual que algunos problemas de salud que nos aquejaron, hemos logrado salir adelante y podía decir que mi vida era tal y como la imaginé, rayando en lo perfecto, para mí. Pero nada es para siempre.

Hace tres años llevaría por primera vez a mi hija y a mi esposa a jugar golf, un deporte que en lo personal no me gusta mucho, pero ellas tenían muchas ganas. Ahorré y pude darles ese lujo. Fuimos a una tienda especializada donde vendían zapatos de golf para mujer y les compré un par a cada una, así como unos atuendos muy chic, como ellas dicen. Nos subimos al carro y emprendimos el viaje al club. El día era lluvioso y debíamos cruzar una carretera que yo ya conocía, pero donde no había manejado con lluvia. El asfalto estaba muy mojado y un vehículo se derrapó frente a nosotros. Para evitar golpearlo, intenté frenar, por lo que nuestro vehículo derrapó y se pasó al carril contrario, donde un tráiler nos impactó de lleno. Golpeó la puerta del copiloto, donde iba mi mujer y del mismo lado que iba mi hija pero en la parte de atrás. Murieron al instante. Por desgracia yo salí ileso, sólo con algunos golpes, pero no quería estar vivo después de que me confirmaron la muerte de mis dos ángeles. Dejé de vivir desde ese momento. Lo dejé todo, ya no podía retomar mi vida y simplemente vivía oculto en mi casa. Fue un duro golpe, que hasta apenas en días recientes, he decidido afrontar y tratar de superar.

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