El amigo imaginario de mi hijo

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Es muy común que los niños pequeños tengan amigos imaginarios, incluso los psicólogos admiten que es algo muy normal mientras no afecte su conducta, entonces sí ya es un problema que debe revisarse y tratarse. Mi hijo tenía un amigo imaginario que lo acompañaba a todas partes. Al principio nos preocupó este tema y lo platicamos con su pediatra, quien nos contactó con psicólogo infantil que nos hizo preguntas sobre el comportamiento de nuestro hijo, lo que nos decía sobre su amigo, si habíamos notado algún cambio radical, etc. Le dimos todas las respuestas que nos solicitó y nos comentó que no había nada de qué preocuparnos, que era normal a su edad y que solo debíamos mantenernos al tanto por si existía alguna señal de alerta que nos dijera que pudiera haber algún trastorno mental o psicológico. Nos tranquilizamos y unos meses después nos fuimos de vacaciones.

Nos instalamos en una casa que rentamos muy cerca de la zona de hoteles en Acapulco, era mucho más cómodo y privado que estar en un hotel, además teníamos nuestra alberca privada y la playa muy cerca. Después de desempacar y tomar un descanso decidimos ir a disfrutar de la arena y el mar. Al llegar, nuestro hijo de 5 años corrió hacia el mar, yo lo seguí por detrás para que no se fuera a meter solo o una ola lo pudiera arrastrar. Estuvimos en el mar por unos minutos y después decidimos salir. Yo fui a leer un rato a un camastro mientras mi esposa disfrutaba de una bebida al tiempo que veía como nuestro pequeño hacía castillos de arena y platicaba con su amigo imaginario. Pese a que nos dijeron que no nos preocupáramos, ella no podía evitar angustiarse cada que nuestro hijo platicaba con alguien que no estaba ahí. Yo le decía que todo terminaría en unos meses o a más tardar en un año, que eran cosas de niños. Pero no lo aceptaba. Yo, la verdad, estaba incrédulo que mi hijo tuviera un amigo imaginario, mi forma de pensar era que solo se estaba imaginando en una situación y lo actuaba. No sé.

La preocupación de mi esposa era tal que le propuse que hablaría con nuestro hijo en la noche, que trataría de preguntar más sobre su amigo y quizá de convencerlo de que dejara de verlo o que no era real. Dentro de cabeza rezaba para que todo saliera bien y no lo arruinara. Llegó la noche y me senté en la cama del cuarto de mi hijo, le dije que necesitábamos hablar. Investigué más sobre el amigo y me dijo que se llamaba Dani, venía de una cabaña en las montañas, era un niño de 7 años y que le gustaba jugar con otros niños. Le comenté que quizá debería dejar de jugar con Dani en lugares públicos, que lo hiciera solo en casa. Entonces me interrumpió y me dijo que eso no le gustaba a Dani, que se estaba enojando porque querían separarnos, que él lo sabía todo. Entonces sentí como una mano se postraba sobre mi hombro y al voltear… no había nada ni nadie. La piel se me heló, me petrifiqué y terminé la conversación. Jamás volví a mencionar el tema, con nadie, y dejé que mi hijo jugara con Dani todo el tiempo que quisiera.

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