¿De taquero a chef internacional?

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Gracias al oficio de mis padres pude recibir educación en escuelas de paga, pese a que en algunas ocasiones les insistí en que me permitieran estudiar en una de gobierno, según para poderlos ayudar económicamente y no tuvieran que gastar tanto en mí, pero el verdadero motivo estaba oculto, y era porque estaba harto de que menospreciaran el trabajo de mis padres, quienes desde hace mucho tiempo son taqueros y nunca me he avergonzado de ellos ni lo haré. Pero algunos de mis compañeros me hacían burla por ello y en ocasiones tuve que salir a defender a mi familia, llegando incluso a los golpes, lo que me costó algunos reportes o que mandaran a llamar a mis padres, quienes me regañaban, pues nunca quise decirles a ellos o a los profesores el por qué iniciaban los pleitos. Tenía claro que eran mis problemas y que debía resolverlos a mi modo, costara lo que me costara.

Ante la negativa de cambiarme de escuela, no me quedó de otra que soportar las burlas y callarme, pues cada que me defendía resultaba contraproducente, es decir, un reporte, un punto menos en la calificación, suspensiones, etc. Nunca pude callar cuando algunos compañeros se enteraban dónde era el establecimiento de mis padres e iban a consumir, pero con la idea de ofenderme si es que me encontraba ayudándoles ese día y no estaba haciendo alguna entrega de servicio de taquizas. Tenía que responder, no iba a dejar que humillaran a mis padres en el lugar que me ha permitido ser lo que soy ahora.

Decidí estudiar gastronomía y utilizar los insultos de los demás como motivación, para llegar lo más lejos posible y demostrarles lo que el ‘hijo de unos taqueros’ puede hacer. Siempre competí por ser el mejor de mi clase y sobresalir por mis habilidades y conocimientos, nunca le hice, como comúnmente dicen, la barba a los maestros y jamás me olvidé de lo que mis padres me enseñaron en la cocina, por lo que en cada platillo imprimía su sello. A veces me decían que sólo sabía hacer tacos, pero para mí era como un homenaje a mis padres y una forma de agradecimiento. Cuando me gradué, de examen final nos dejaron hacer un menú para un restaurante y preparar los platillos para todos los profesores de la universidad y un par de invitados especiales.

En mi equipo elegí a las personas que nadie quería en el resto de equipos, sabía que me estaba arriesgando a no entregar un buen trabajo o a matarme haciéndolo yo solo, pero resultó que aquellos marginados era personas muy creativas, lo que imprimió un sello de calidad importante a nuestros alimentos. Fuimos felicitados y recibimos una calificación perfecta, además de que se nos acercaron los chefs invitados para invitarnos a formar parte de sus restaurantes cuando nos graduáramos. Así comenzó mi carrera profesional y el tiempo avanzó hasta que me convertí en un chef reconocido a nivel internacional, lo que llenó de alegría a mis padres y me permitió retribuirles todo lo que ellos hicieron por mí, sacrificando tiempo y dinero para que yo saliera adelante.

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